La economía petrolera de Venezuela está en grandes apuros

Giancarlo Ciocca

 

Los expertos coinciden en afirmar que la profunda crisis que atraviesa Venezuela pasa por las decisiones que se han tomado para que PDVSA asuma funciones que antes tenían otros sectores productivos, como es el caso de la industria alimenticia o el comercio. Luis Olivares, economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, afirma que hoy en día PDVSA tiene una camisa de fuerza, ya que se le ha fijado una tasa de cambio de 6,30 bolívares por dólar, a la cual tiene que cambiar las divisas que recibe por la exportación de petróleo. 

Se trata de una tasa de cambio artificial que la ha llevado a necesitar financiamiento del Banco Central de Venezuela, el cual ha emitido bolívares para sus operaciones, en niveles entre 40.000 millones y 60.000 millones de dólares a finales del presente año.

“Son 60.000 millones de dólares que el Banco Central ha tenido que imprimir en bolívares –más de 470.000 millones de bolívares– para poder hacer viable y financiar las operaciones de la petrolera.

Esta es una de las principales causas de la inflación, porque es dinero que ha entrado a la economía y que ha hecho generar aumentos en el consumo y la demanda de bienes y servicios”, señala. 

Además, de la deuda con el Emisor, PDVSA tiene pagos de deuda de bonos internos, obligaciones con proveedores y operadores petroleros internos.

Al asumir esas actividades, el Estado y PDVSA han desplazado y destruido la producción interna.

Según el decano de Economía de la Universidad Sergio Arboleda, Alberto Schlesinger, en el régimen chavista han desaparecido unas 6.000 industrias, casi el 50 por ciento del inventario total, y la mayor parte en el sector privado.

Agrega que la persecución a la empresa privada en el campo llevó a la caída en sectores donde el país era autosuficiente, como en el arroz, el maíz (ahora es importador neto), los lácteos, la carne y el pollo, rubros que se cubren con importaciones, cuyo costo –en parte– asumen las filiales de PDVSA.

“El desequilibrio consiste en que al caer la producción, sube la dependencia externa y la balanza comercial está desvirolada”, asegura.

Este ciclo, que siempre se había tenido, se agudizó, ya que al subir los precios del petróleo sube la inflación y se genera un atraso en la tasa de cambio que hace prever la llegada de una devaluación muy drástica. Este coctel entre baja producción y amplia oferta de dinero es el causante de la crisis del último año, con una inflación del 56 por ciento en el 2013 y una proyección para el 2014 superior al 65 por ciento.

Uno de los peores problemas a futuro puede ser el aumento en los índices de escasez, que para febrero se estiman en el 28 por ciento y para marzo, en el 30 por ciento, que no se ven ni en Siria o Libia, según Olivares.

Habría recesión este año

La foto de la economía venezolana muestra a un país petrolero en el que la actividad extractiva pasó de ser 18 por ciento del PIB al 11 por ciento, y un sector manufacturero que perdió juego en la economía, siendo hoy el 12 por ciento del PIB. El lugar de estos dos sectores lo han ocupado los servicios del Estado, las importaciones y el sector bancario, que ha triplicado su tamaño y hoy es el 6 por ciento del PIB. Según Olivares, ya hay quienes advierten por una posible crisis financiera en caso de una recesión económica, pues hay carteras de crédito “sumamente infladas”.

Tras contraerse en el 2013 y crecer apenas un 1,2 por ciento, estimaciones de la Cepal y del Fondo Monetario Internacional (FMI) prevén que Venezuela será el país de América Latina que menos crecerá este año, con una proyección del 1 por ciento, pero los analistas locales vaticinan una recesión, con un PIB entre cero y una caída del 1 por ciento. Además, la continuación de las políticas de subsidio sigue estimulando el contrabando hacia países como Colombia, Brasil, Aruba y Curacao, pues se sabe que incluso desde Caracas –la capital– salen contingentes repletos de bienes y productos.

A la par, al cierre de enero, las reservas internacionales cayeron a 20.859 millones de dólares (el año pasado se descolgaron en 8.409 millones). Según Schlesinger, lo grave es que de este total, solo unos 2.000 millones de dólares son líquidos, mientras el resto está representado en oro.​

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